Por Stefan Danilla, Cirujano Plástico, especialista en Cirugía Estética y Reconstructiva de la Universidad de Chile. Actualmente es Director de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP).

El caso de la periodista colombiana Lorena Beltrán dio la vuelta al mundo, luego que el diario “El Espectador”, el más importante de ese país, llevara en su portada una imagen con los resultados de una cirugía plástica que casi le cuesta la vida. Las secuelas imborrables en sus mamas se convirtieron en un emblema de lucha para aquellos que, al igual que ella, confiaron en médicos que se hacían llamar expertos del bisturí, sin serlo. Una realidad que parece lejana, pero que está más cerca de lo que creemos. Mujeres como Lorena Beltrán existen en todos los países, incluido Chile. Sin embargo, no tienen una voz que las ampare dentro de este verdadero mercado negro de la cirugía estética que pareciera no obedecer a ningún parámetro de la ética médica.

Por eso, la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP) emprendió una campaña que busca informar a las personas para que puedan tomar la mejor decisión al momento de escoger un cirujano plástico. Bajo el lema #QueTuCirujanoSeaPlástico, se pretende entregar una verdadera guía para que los pacientes sepan identificar y puedan escoger de forma responsable al profesional más idóneo para el procedimiento al que deseen someterse.

Actualmente, Chile carece de una legislación que regule quiénes pueden ejercer como cirujanos plásticos. No existe una ley de especialidades, por lo que cualquier médico está facultado legalmente -más no éticamente- a realizar cualquier procedimiento. Para ser cirujano plástico en Chile se deben cursar siete años de medicina, luego tres años de especialización en cirugía general y una vez terminada, volver a concursar para uno de los seis cupos anuales existentes para ingresar al programa de subespecialización en Cirugía Plástica Reparadora y Estética (tres en las universidades de Chile y Católica), de dos a tres años de duración.

Además, los médicos que optan por especializarse fuera de Chile, al retornar al país deben rendir un examen y ser acreditados por la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas (Conacem), proceso similar a los médicos que optan por el proceso de adiestramiento en práctica, luego de lo cual son reconocidos como cirujanos plásticos y pueden así ingresar como miembros a la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica.

En síntesis, todo cirujano plástico acreditado tiene al menos 12 años de estudios universitarios formales. La Sociedad Chilena de Cirugía Plástica acoge a todos los médicos que hayan realizado un programa de formación acreditado en Cirugía Plástica Reparadora y Estética en Chile o en el extranjero.

Sin embargo, hoy en día y a lo largo del país, cualquier médico general puede realizar intervenciones con fines estéticos y reparadores. Dado que esta situación es común a otros países, las agrupaciones científicas de cirujanos plásticos en México y Colombia iniciaron campañas para gatillar un cambio que se pedía a gritos y que las autoridades no escuchaban. Requerimientos que aumentaron luego de la vorágine de “cursos exprés” efectuados con fines meramente económicos en Perú y Brasil, en los cuales se capacitan a médicos durante tres y seis meses para realizar cirugías estéticas, tales como aumento mamario, abdominoplastía, liposucción, entre otras; con lo que evidentemente adolecen de las competencias necesarias para ejecutar correctamente los procedimientos o resolver sus complicaciones.

El gobierno y las autoridades de salud de Chile no pueden continuar permitiendo este hecho, ya que cientos o quizás miles de pacientes se ven afectados año a año por esta situación. Es urgente que se realice una mesa de trabajo en la cual se pueda crear un estatuto que limite el ejercicio de esta profesión y que contenga los requisitos mínimos para certificar las competencias del profesional. De esta forma, evitaremos que casos como los de Lorena Beltrán se sigan repitiendo, porque lamentablemente existen, pero no llegan a portadas de nuestros medios nacionales.

En el intertanto, es imprescindible que las personas tomen los resguardos necesarios antes de operarse. Es necesario que el futuro paciente esté 100% seguro de que el profesional que realizará la intervención es idóneo. Toda cirugía involucra riesgos, por lo que es menester que el paciente se opere en un establecimiento de salud acreditado y con un cirujano plástico certificado. El paciente debe conocer cuáles son las eventuales complicaciones de su cirugía, para así identificarlas precozmente y evitar luego secuelas irreparables. No hay que trivializar el acto médico. Es muy importante que la evaluación y las decisiones se tomen con un cirujano plástico certificado y debidamente acreditado. Jamás con un médico general, enfermera o ejecutivo comercial.

Mujeres como Lorena Beltrán existen en todo el mundo y seguramente en este preciso momento, mientras usted lee esta columna, se está jugando con la vida de una mujer o un hombre. Por eso es necesario un cambio en el país, que las autoridades tomen cartas en el asunto, para que disminuyan casos como los de la periodista colombiana y de tantas otras mujeres que se esconden en el anonimato, pero que vemos continuamente en consultas, muchas veces sin posibilidades de ofrecerles solución alguna.

Fuente: AméricaEconomía

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