Cuatro años atrás hacía hasta 10 intervenciones anuales para adelgazar la mejilla. Hoy, son 5 cada semana.

“Hoy el hombre se atreve, ya no es cosas de mujeres”.

Hace algunos años, los hombres que llegaban a visitar a los cirujanos plásticos correspondían entre el 5% y 8% de las consultas. Hoy, fácilmente ellos pueden llegar a ser el 40% de los pacientes. Todo esto, dentro de un crecimiento explosivo de este tipo de procedimientos, que según la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP) llega a una tasa del 20% anual, en los últimos 10 años.

El cirujano plástico y reconstructivo, miembro de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, Esteban Torres explica que en el grupo del adulto joven, los hombres consultan por las bolas de Bichat, depósitos de grasa que están en las mejillas y hacen que la cara se vea redonda. “Con una cirugía muy simple, con anestesia local, se hace un corte pequeño al interior de la boca, y sacas esta bolita. Así logras que la cara se afine, que destaquen los pómulos”.

Otra parte importante de las consultas que recibe el especialista tiene que ver con la ginecomastia, que es grasa en la zona pectoral, “cuando no hay tejido mamario, es simplemente una liposucción, se hace con anestesia general”.

—¿Los hombres se atreven más?

—Antes, los hombre no se hacían muchas cosas que ahora sí. El famoso bótox, ácido hialurónico, para rellenarse los surcos al lado de la nariz; incluso, mejorar un poco el labio, para que se vea un poco más delineado, cosas que antes ni se pensaban. Hoy el hombre se atreve, ya no es cosas de mujeres, el hombre va a la peluquería, se preocupa de sí, va al gimnasio, va al cirujano plástico.

—¿Qué características son comunes entre los hombres?

—Son profesionales, habitualmente son solteros o separados. La persona necesita generar un cambio, un quiebre que se refleje físicamente para poder iniciar una nueva etapa. Porque la mayoría está buscando un quiebre, un antes y un después, muchos lo hacen con un tatuaje, otros se compran una moto y otros se enchulan o corrigen algo que siempre les generó inseguridad.

—¿Qué tanto pesa la genética?

—La genética es súper importante, desde el punto de vista de la contextura y la fisionomía de la persona. Lo que sí es muy importante es lo que uno hace en conjunto con la cirugía, pues no basta sólo con la cirugía, uno tiene que asociar esto con un plan de ejercicio, de dieta, vida sana, comida sana, lo que hoy se conoce como el wellness o bienestar.

—¿Hay alguna cirugía que esté más demandada, que sea un boom?

—En los últimos meses, las bolas de Bichat han sido un boom, fácilmente hace tres o cuatro años, operábamos 3, 4, 5, hasta 10 al año. Hoy son 4 o 5 todas las semanas, y muchos, muchísimos hombres. Si yo pudiera poner en una lista todos los procedimientos, uno que ha marcado un quiebre en la aceleración de crecimiento es las bolas de Bichat.

—En los últimos 10 años, las cirugías han aumentado a tasas del 20% al año, ¿seguirá esta tendencia?

—Sí, y por dos razones, porque antes los valores hacían casi inalcanzables estos procedimientos y hoy en día se han ido reduciendo sus costos. Por otro lado, la gente se atreve, ya no lo ve como algo inalcanzable. Un ejemplo absurdo: hace 20 años si yo te pregunto si te acuerdas de ver en las calles muchos Audi, BMW, Mercedes-Benz, me dirías que no, era raro; y hoy uno levanta una piedra y sale uno. No hay que ser millonario para comprarse uno, hay créditos. Burdamente ha pasado algo muy parecido, la gente ha encontrado medios para poder adquirir bienes o servicios que eran de altísimo valor.

—¿Hay alguna contraindicación para este tipo de operaciones?

—El mensaje es, más que si está contraindicado o no, si se justifica el riesgo que voy a correr en el pabellón, que es bajo y controlado, pero que si se justifica sólo si voy a obtener lo que estoy buscando, y para eso hay que tener un cirujano plástico acreditado y que sea ético. No hay buena o mala cirugía, sino que cirugía que cumple o no con las expectativas.

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